El Día Internacional de la Mujer no debería ser un día para halagarnos.
Para eso, cada mujer trabaja todos los días: en conocerse mejor, en fortalecerse, en construir autoestima y aprender a tratarse con respeto.
Tampoco creo que deba ser un día para quedarnos en el victimismo o en la furia constante del “¿por qué a mí por ser mujer?”.
Creo que esta fecha tiene un sentido más profundo.
Recordar que hubo un tiempo en que mujeres trabajaban en fábricas sin derechos laborales ni condiciones de seguridad, como ocurrió en el incendio de la fábrica Triangle en 1911, donde muchas murieron porque ni siquiera podían salir del edificio.
Recordar que hubo un tiempo en que su voz no contaba, su trabajo no valía lo mismo y sus oportunidades eran limitadas por el simple hecho de ser mujeres.
Y recordar, sobre todo, que ese tipo de injusticias no deben repetirse nunca más.
Pero también creo que hay otra reflexión importante que pocas veces se dice.
Muchas mujeres han tenido que aprender, a lo largo de su vida profesional, a defender el valor de su trabajo.
Yo también lo he vivido.
Y lo digo con total honestidad y sin perder la humildad.
Empecé a trabajar formalmente a los 18 años y hoy, acercándome a los 37, puedo mirar hacia atrás y reconocer algo con claridad:
En cada lugar donde trabajé dejé mejoras, resultados o sistemas que transformaron procesos.
No siempre fue bien recibido. No siempre fue reconocido. Y muchas veces esos sistemas siguieron utilizándose con los años… sin llevar mi nombre.
Al principio uno podría frustrarse por eso.
Pero con el tiempo entendí que también es una enseñanza.
Aprender a hacer visible nuestro trabajo. Aprender a comunicar nuestros resultados. Aprender a ser las primeras defensoras de nuestro propio valor profesional.
Porque el trabajo bien hecho tiene algo que ningún prejuicio puede sostener por mucho tiempo:
resultados
Y los resultados, cuando se sostienen con integridad y constancia, terminan cerrando muchas bocas y desmontando muchos pretextos.
Este 8 de marzo no creo que necesitemos más discursos motivacionales ni más eventos simbólicos.
Creo que lo que realmente fortalece el camino de las mujeres es algo más simple y más poderoso:
seguir preparándonos, seguir construyendo, seguir demostrando con hechos lo que somos capaces de hacer.
Porque el verdadero respeto no se exige con rabia.
Se consolida con carácter, preparación y resultados.
Y cuando una mujer decide confiar en su talento, trabajar con integridad y no disminuir su voz para encajar…no solo transforma su propia vida.
También abre camino para muchas más.
Feliz Día Internacional de la Mujer.
Que sea una fecha para recordar lo que costó llegar hasta aquí y también para seguir avanzando con inteligencia, dignidad y determinación.

